El
almacenamiento adecuado previene daños por manipulación inadecuada, cambios de
temperatura y exposición a elementos externos. Algunas prácticas clave
incluyen:
·
Uso de estanterías resistentes para evitar el colapso de productos.
· Control de humedad y temperatura en almacenes para preservar la calidad de los
productos sensibles.
· Identificación y etiquetado correcto de los productos para facilitar la trazabilidad y el
control de inventarios.
· Zonas de almacenamiento especializadas para mercancías peligrosas o delicadas.
Ejemplo:
Los medicamentos requieren almacenamiento en cámaras refrigeradas para evitar
la degradación de sus componentes activos. Un estudio de la OMS (2020) indica
que el 25% de las vacunas pierden su efectividad debido a fallas en la cadena
de frío.
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